EL ESPEJO de Noelia Barchuk

Leía un libro mientras tomaba café enfrente de la plaza, justo a la altura de un hermoso lapacho. El rugido de un colectivo distrajo mi atención. Levanté la mirada de la página veintitrés. Un rostro conocido avanzaba hacia mí, en cámara lenta. Una mujer alta y delgada, cargaba con bolsas del supermercado y en compañía de otra mujer, cruzaba por mitad de calle. Falda azul, recta sobre las rodillas, camisa blanca inmaculada. Llevaba el mismo corte de pelo que hace quince años. Estaba igual.
Cual río, fluían los recuerdos de adolescencia. Algo andaba mal, no podía seguir siendo así de joven. Se trataba de la profesora de cívica del tercer año del colegio. Por aquellos años, ella ya era una mujer de edad madura.
Se me ocurrió pensar, que en batalla contra el espejo, había hecho algún tratamiento anti-agge, un lifting, ¡algo que la hiciera lucir de ese modo!
Cuando pasó por mi lado, pude observarla mejor. No me reconoció y tampoco atiné a saludarla, porque estaba delante de un descubrimiento.
En realidad, ocurría algo muy sencillo, que solemos comprender inesperadamente un día cualquiera. Y ése día era el mío.
La profesora no prodigaba más juventud de lo que le correspondía a su edad. Al volver la vista a la página veintitrés, caí en la cuenta que era yo quién había comenzado a envejecer.

Comentarios

Comentarios