HOY TEMPRANO, por Noelia Barchuk

Resulta interesante plantearse ciertos aspectos del detrás de escena de un relato. Quisiera preguntarle a Pedro si acaso, por casualidad escuchaba a Suéter con el tema Amance en la ruta. Cierro los ojos, evoco las primeras notas musicales, cada acorde y luego, fluyen las palabras entonadas, en mi caso, por la garganta de la Fabi Cantilo. Luego pienso en el cuento de esta tarde. Me pasaron cosas raras: tranquilos nada esotérico, pero es que este cuento es una joya.


El autor, para quienes no tengan el gusto de conocerlo, es Pedro Mairal. Escritor argentino, nacido en Florencio Varela, el 27/09/1970. Hoy temprano, es la primera obra que leo de él. La vida, una sucesión de naturales etapas, relatadas desde el interior de un automóvil, mejor dicho, de nueve vehículos distintos. Un juego de real fantasía entre verbos y conjugaciones, que nos mueven a su antojo del pasado, presente y futuro. Tal vez la maravilla resida en una mezcla de tiempos, de personas que van cambiando al igual que nosotros.
Las agujas del reloj van moviendo lentamente sus manecillas conforme el personaje crece y lo asocia al modelo de auto que la familia va adquiriendo, en un principio. Luego sería él mismo quién conduzca. Arrancando la historia, se lo ve pequeño, jugando con su hermano, en el primer Peugeot 404 bordó. Aparecen la mayoría de los personajes en la escena, él, de quién pasamos todo el relato imaginando su nombre, sus hermanos Vicky y Miguel, papá y mamá. El pie en el acelerador hace avanzar hacia los recuerdos del Renault 12. Crecer duele, y comienzan a registrarse las bajas. La hermana ya no sigue en el mismo camino.
El próximo modelo será la Rural Falcon, a manos de la madre. La adolescencia de Miguel será retratada desde la óptica de su hermano aún niño. Duque, el perro, disfruta del Ford Sierra, y es testigo de los cambios en el paisaje natural y social. “Afuera cada vez hay más basura, más pintadas políticas”. Los indicios de la ausencia paterna ya se palapa, y hasta su muerte queda reflejada también.
Nuestro amiguito de la luneta va creciendo a pasos agigantados. Ahora, maneja un Taunus amarillo, que chorrea olor a marihuana.
Y claro, el amor es insustituible, entonces aparece Gabriela, con el auto prestado de su mamá, en el cual la piel despierta a la vida y la carretera. Más tarde, en el Volkswagen del cuñado, se sorprendería al ver el fruto de la pasión creciendo en el vientre de su esposa. Pero, como todos sabemos, nada es para siempre. Las peleas matrimoniales escupen a un nuevo divorciado, al mando de un Escort.
Finalmente, nos suela la mano despacio, conduce una camioneta 4×4 mientras se pierde intentando llegar al country donde vive hermano.
Así se va la vida. Narrándola palmo a palmo. Desde esa mirada subjetiva de nuestros propios ojos. Las pérdidas, los afectos, las arrugas, la memoria ejercida a discrecionalidad. Todo se retuerce entre las redes de los reyes de tiempo, el Cronos y el Kairos, burlándose de nosotros, con nuestra estupidez de mortal.
Un relato, para prepararse un buen café. Tomarse el tiempo para batirlo bien, si gustan del instantáneo, o darse el gusto de echar en la cafetera ese Martínez especial, que guardan con recelo en la alacena. Porque al fin y al cabo, hay que disfrutar de cada momento. Intensamente, porque todo lo podemos ganar o perder en un cerrar de pestañas. Más vale, aprovechar el ahora mismo, acomodarse en la mejor silla y dejarse llevar por Hoy Temprano, “que los años pasan hacia atrás cada vez más rápido”.
(Reseña del cuento HOY TEMPRANO, de Pedro Mairal. Por Noelia Natalia Barchuk).

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